2/27/2016

¿Tamizaje para la depresión en el sistema de salud colombiano?


El Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de los Estados Unidos (United States Preventive Services Task Force (USPSTF) acaba de actualizar la guía y recomendación sobre el tamizaje de la depresión para adultos (1). Dada la alta carga de enfermedad derivada de la depresión, dicha recomendación puede tener efectos importantes en términos de salud pública. A partir de una revisión sistemática de la evidencia disponible, el grupo de trabajo recomienda el tamizaje de la depresión en la práctica clínica para adultos y para mujeres en embarazo y en el postparto, con un grado B, lo cual significa que hay certeza moderada de un beneficio importante.

La recomendación para el tamizaje sistemático de la depresión parte de dos hechos fundamentales:

1. Hay instrumentos (cuestionarios) para el tamizaje para la depresión que son cortos, sencillos de aplicar, y con buena capacidad para detectar los casos. Adicionalmente, no se han encontrado efectos negativos como consecuencia del tamizaje para la depresión.

2. Una vez detectada la depresión, hay tratamientos efectivos  disponibles (básicamente psicoterapia y/o antidepresivos) cuyos beneficios son mayores que los posibles eventos adversos.

Es necesario aclarar que el cuestionario por sí solo no hace el diagnóstico de depresión.  Si la persona resulta “positiva” según el cuestionario, se debe realizar una entrevista clínica para confirmar el diagnóstico y evitar así los “falsos positivos” y la sobreutilización de tratamientos sin justificación. El cuestionario PHQ-9 (Patient Health Questionnaire) es un ejemplo de un instrumento sencillo para tamizaje de la depresión que ya ha sido validado en Latino América(2).

Esta recomendación, sin embargo, no puede hacerse en el vacío, sin considerar los recursos disponibles en los servicios de salud de la población.  El sistema de salud debe ofrecer un acceso efectivo a las psicoterapias y al tratamiento farmacológico siguiendo el principio de decisión compartida.  Para ello, es necesario contar con equipos de atención primaria con capacidad para brindar estos tratamientos a sus usuarios teniendo en cuenta las preferencias de los mismos.  Existen varios modelos de atención eficaces denominados “cuidado incrementado”, que proveen un apoyo adicional a los pacientes mediante educación, seguimiento activo y coordinación de otros aspectos del cuidado médico, entre otros.  En cambio, la sola detección de la depresión, e incluso el inicio de un tratamiento sin estos elementos de cuidado en equipo, no han mostrado ser útiles a gran escala (3).

¿Existe en Colombia un sistema de salud con los recursos adecuados para lograr este propósito? Ello implica contar con enfermeras, psicólogas, trabajadoras sociales y médicos generales que estén capacitados en tratar la depresión.  Dichos equipos, además, deben ser capaces de ofrecer un seguimiento activo a los pacientes a su cargo y poder consultar con un psiquiatra para el manejo de aquéllas personas que no tengan una buena respuesta al tratamiento, o cuyo complejidad requiera manejo con apoyo especializado desde el inicio. Estudios hechos en Colombia muestran que la capacidad de los médico para detectar la depresión no es óptima aunque sí puede mejorarse luego de un programa educativo (4). Aún así, es menos complicado formular un antidepresivo que brindar una psicoterapia, por lo cual el tamizaje extenso, en ausencia acceso real a psicoterapias, resultaría en un incremento tal vez injustificado en el número de personas con antidepresivos.  Si bien las personas en general prefieren una psicoterapia a un fármaco, la elección del tratamiento puede estar limitado por la falta de psicoterapias en muchos lugares.

De otra parte, los datos sobre acceso en la reciente encuesta nacional de salud mental (2015) tampoco son alentadores y los autores del estudio señalan la existencia de una brecha amplia entre cobertura y acceso real a la atención.   La necesidad de largos desplazamientos para llegar a los sitios de atención fue un hallazgo reiterado en dicha encuesta.

La alta rotación de auxiliares de enfermería, enfermeros, psicólogos y aún de médicos en sitios de atención primaria son también un obstáculo para  lograr formar un equipo de atención básica en salud mental.  Las mismas consideraciones planteadas sobre las barreras existentes en el modelo de atención colombiano, se pueden aplicar grosso modo al manejo de otras enfermedades crónicas.  Tal vez la diferencia es que la educación del personal de salud hace más hincapié en el manejo de las enfermedades médicas, cuya detección y tratamiento puede ser mejor comparado con los trastornos mentales.

Para lograr la detección y tratamiento de la depresión a nivel poblacional es necesario implementar un modelo de atención que logre superar las barreras mencionadas, construyendo un talento humano y fortaleciendo los servicios de atención primaria.  Modelos de atención como el cuidado colaborativo, con apoyo en tecnologías como la telemedicina y los móviles, permiten que los especialistas jueguen un papel más activo y así lograr por fin que la atención en salud mental no se limite a las grandes ciudades y a la práctica privada. 

Mientras tanto, se puede implementar un modelo estratificado, que supone el tamizaje para la depresión en poblaciones de mayor riesgo, tal como lo recomienda la Guía de práctica clínica colombiana para la detección temprana, diagnóstico y atención integral de la depresión(5).  Ejemplo de ello son personas con antecedentes personales o familiares de depresión, enfermedades crónicas, síntomas somáticos múltiples, antecedentes de trauma o con problemas psicosociales.  Este es apenas un primer paso si se quiere avanzar un poco en incrementar la detección de depresión en la población que acude a los servicios de salud.

Más complejo es el tema del tamizaje de la depresión durante el embarazo y el post parto.  La importancia de considerar el efecto de la depresión durante el embarazo es innegable; no solo se trata de un momento de mayor vulnerabilidad para la depresión, sino también que el efecto nocivo de la depresión durante el embarazo y el postparto afecta no solo a la madre sino también al recién nacido.  Aún hay controversia sobre la seguridad de los antidepresivos durante el embarazo y el post parto, y la mayoría de la veces la decisión de tomar o no antidepresivos se debe hacer caso por caso.  Es posible argumentar que dada la complejidad de la depresión durante la gestación y la lactancia, se debe contar con la participación de especialistas desde el inicio.


Referencias

1.        Siu AL, Bibbins-Domingo K, Grossman DC, Baumann LC, Davidson KW, Ebell M, et al. Screening for Depression in Adults: US Preventive Services Task Force Recommendation Statement. JAMA . 2016 Jan 26 , 315(4):380–7.

2.        Baader M T, Molina F JL, Venezian B S, Rojas C C, Farías S R, Fierro-Freixenet C, et al. Validación y utilidad de la encuesta PHQ-9 (Patient Health Questionnaire) en el diagnóstico de depresión en pacientes usuarios de atención primaria en Chile. Rev Chil Neuropsiquiatr. Sociedad de Neurología, Psiquiatría y Neurocirugía; 2012 Mar;50(1):10–22.

3.        Deneke DE, Schultz H, Fluent TE. Screening for depression in the primary care population. Prim Care. 2014;41(2):399–420.

4.        Gómez-Restrepo C, Bohórquez Peñaranda A, Benavides MO, Gil Laverde JF, Tamayo N, Rey Sánchez D. Health Professional’s Accuracy in Depression Diagnosis after an Educational Intervention in primary level. Colombian Results of the International Depression Project. Rev Colomb Psiquiatr; 36(3):439–50.

5.        Ministerio de la Protección Social - Colciencias. Guía de práctica clínica. Detección temprana y diagnóstico del episodio depresivo y trastorno depresivo recurrente en adultos. Atención integral de los adultos con diagnóstico de episodio depresivo o trastorno depresivo recurrente. Bogotá; 2013.

11/25/2015

Condiciones laborales y salud mental




Dos estudios recientes sobre salud mental y trabajo permiten entender mejor otro elemento clave que enlaza las condiciones psicosociales con la salud mental poblacional.

El primero, un estudio longitudinal en Suecia con una muestra de 6275 personas concluye que hay una asociación entre las amenazas  de despido en el trabajo (inseguridad labora) y síntomas de depresión mayor, sobre todo cuando estas amenazas son recurrentes(1).  Los datos sobre condiciones laborales y salud mental en Europa sugieren que un 4.5% de la carga de enfermedad por trastornos mentales se  pueden atribuir a la inseguridad laboral.  Dada la alta carga de enfermedad de los trastornos mentales este porcentaje es significativo: además, es prevenible, al menos teóricamente.

Si bien el diseño longitudinal da mayor validez a la posible relación causal entre inseguridad laboral y depresión, no se puede desechar por completo la posibilidad de una “causalidad inversa.”  En efecto, es posible que quienes presentan síntomas depresivos perciban mayores amenazas laborales comparados con quienes no tienen síntomas depresivos.  

Siendo que los desenlaces en salud mental (en este caso la presencia de síntomas depresivos) son casi siempre debidos a causas múltiples, es importante identificar los factores de riesgo. Las condiciones laborales pueden mejorarse de modo que se eviten riesgos para la salud mental mediante un enfoque preventivo, sumado a intervenciones de apoyo terapéutico para aquellos trabajadores que ya presentan algunos síntomas depresivos.

El segundo estudio llevado a cabo en Noruega examina la efectividad de un programa de apoyo laboral y terapia cognitiva enfocada en el trabajo comparada con el tratamiento usual para personas que tienen dificultades laborales relacionadas a trastornos mentales comunes(2).   Los participantes fueron personas que tenían incapacidad laboral, alto riesgo de incapacidad laboral, o que ya estaban con discapacidad.  El desenlace principal fue la participación laboral a los 13 meses, mientras que la calidad de vida y los cambios en la salud mental fueron los desenlaces secundarios.

Los resultados muestran que la intervención con terapia cognitiva enfocada en el trabajo junto con apoyo laboral individual resultan en una mayor participación laboral y conservación de los puestos de trabajo.  Lo efectos fueron aún mayores para quienes contaban ya con beneficios por incapacidad laboral.

Estos dos estudios confirman la importancia de incluir la dimensión laboral en el manejo de los trastornos mentales y en la prevención mediante intervenciones centradas en el trabajo.  Es necesario realizar estudios similares en países como Colombia, donde la inseguridad laboral puede ser mayor, e identificar los elementos que relacionan la salud mental con las condiciones laborales.

El costo económico por pérdida de la productividad en depresión es considerable, y es posible establecer programas preventivos y terapéuticos para reducir el impacto negativo de los trastornos mentales.  Intervenciones como la inclusión laboral (Individual Placement and Support (IPS) en inglés)(3) para personas con trastornos mentales más severos cuenta con una muy buena evidencia sobre su efectividad.   En Colombia, si bien la ley de salud mental estipula el derecho a la inclusión laboral, estos programas aún no han sido implementados de manera rigurosa.

Referencias:
 
1.        Magnusson Hanson LL, Chungkham HS, Ferrie J, Sverke M. Threats of dismissal and symptoms of major depression: a study using repeat measures in the Swedish working population. J Epidemiol Community Health. 2015 Oct 1;69(10):963–9.

2.        Reme SE, Grasdal AL, Løvvik C, Lie SA, Øverland S. Work-focused cognitive-behavioural therapy and individual job support to increase work participation in common mental disorders: a randomised controlled multicentre trial. Occup Environ Med. 2015 Oct 1;72(10):745–52.

3.        Bond GR, Drake RE, Becker DR. Generalizability of the Individual Placement and Support (IPS) model of supported employment outside the US. World Psychiatry. 2012 Feb;11(1):32–9.



9/23/2015

El malestar explicativo en la psiquiatría. “La crisis de nunca acabar”.


Parodiando un dicho chino, si te sientas a la orilla del río y esperas con paciencia, verás pasar uno tras otro los modelos imperantes en la psiquiatría.  Habría que agregarle algo circular, pues muchos son reciclados y pasan flotando varias veces. N Rose, del Departamento de Ciencias Sociales, Salud  y Medicina del King´s College en el Reino Unido, ofrece un análisis de la crisis actual (1).  

Llegando ya a la mitad de la segunda década del nuevo siglo, el malestar en el modelo explicativo imperante tiene varias señales.  La primera, la insuficiencia de los sistemas diagnósticos y en particular el creciente consenso en que el sistema diagnóstico del DSM (Manual Estadístico y Diagnóstico de los Trastornos Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría) ha topado con un callejón sin salida.  El segundo, el hecho de que a pesar de los avances en las neurociencias, a juzgar por el inmenso volumen de investigaciones que se publican anualmente, no contamos con ningún tratamiento biológico nuevo y no hay nuevos medicamentos a la vista, mientras que los existentes muestran cada vez más sus insuficiencias.  Y el tercero, la carencia de modelos explicativos propiamente dichos que sean convincentes y en particular la hasta ahora fallida promesa de un modelo de las neurociencias que logre explicar los trastornos mentales.

En el caso de las más recientes ediciones del DSM la promesa ha sido la de encontrar enfermedades (categorías concretas) que se pudieran identificar mediante biomarcadores y así lograr mayor precisión diagnóstica y terapéutica.  Sin embargo, a pesar de los enormes recursos dedicados a esta empresa, no se ha logrado una sola categoría diagnóstica de ese tipo.  En parte esto se debe a que los límites entre la salud y la enfermedad no son nítidos, y a que diferentes síntomas pueden corresponder a diferentes bases neurales.

Rose critica la respuesta del NIMH (Instituto Nacional de Salud Mental de los Estados Unidos) a esta crisis, la cual consiste en “saltar directamente al cerebro” mediante los nuevos criterios diagnósticos que buscan identificar circuitos cerebrales disfuncionales en las diferentes patologías[1]. 

Otro ejemplo de las limitaciones en las investigaciones biológicas es el hecho de que no hay un mapa genético único que determine un trastorno psiquiátrico complejo como al esquizofrénica, sino que son múltiples variaciones las que logran explicar una parte de la enfermedad.  Dada la complejidad del objeto de estudio, la mente humana, también resulta evidente que pretender encontrar una explicación total no solo es prematuro, sino también ingenuo.  Tal como dice Thomas Insel, director del NIMH, en este momento tenemos un gran cantidad de datos resultado de la investigación en neurociencias: el problema es que no sabemos qué hacer con ellos.

Sin embargo,  no se pueden negar algunos logros importantes.  Por ejemplo, gracias a los avances en la neurociencia al fin se puede aceptar que el paisaje de los trastornos mentales contiene mucho más que neurotransmisores.  Otro punto para considerar es el de la interacción de la adversidad o el estrés con la respuesta total del organismo, conocido con la expresión “cómo logra la adversidad meterse debajo de la piel”. Ello lleva a reconsiderar lo biológico y en especial lo genético no como algo fijo y determinado para siempre, sino como parte de una interacción constante y cambiante entre el individuo y su ambiente.  El creciente interés por los mecanismos epigenéticos ha logrado aclarar los procesos que resultan ya sea en una adaptación  exitosa o en la aparición de alguna dificultad o patología.

Rose  acierta en apuntar que detrás de estas promesas fallidas se encuentra un modelo reduccionista, que busca explicar toda la enfermedad mental solo a partir del cerebro.  El autor también nos recuerda que un trastorno mental es un trastorno de una persona y no solo de un cerebro, y que esta persona es el resultado (en constante evolución) del intercambio dinámico entre la persona (incluyendo su cerebro), el ambiente y su medio social. 

Vale la pena reiterar que las investigaciones han arrojado luces sobre los mecanismos de la interacción entre los genes y las experiencias del ciclo vital y los factores que aumentan el riesgo de enfermedad o que promueven la resiliencia. Hace un buen tiempo que la biología ha incluido la complejidad y la necesidad de múltiples niveles explicativos: una lectura incompleta o superficial de las neurociencias lleva a que sea reducida a explicaciones simplistas.

La integración de los modelos causales de la neurociencia, la psicología y la sociología es una empresa incompleta(2). Para muchos de los profesionales de la salud mental, la pluralidad de modelos explicativos y la necesidad de mantener múltiples perspectivas no es una falla, sino un reflejo de la complejidad de la mente humana y uno de los aspectos más interesantes del trabajo clínico y de salud pública.  Aún con sus insuficiencias teóricas y con su carácter de empresa “híbrida”, la psiquiatría cuenta con herramientas para brindar mejor atención a las personas que padecen trastornos mentales, reconociendo los límites en el conocimiento actual y los enormes retos que presenta el estudio de la mente humana.



Referencias

1.        Rose N. Neuroscience and the future for mental health? Epidemiol Psychiatr Sci [Internet]. 2015 Aug 3 [cited 2015 Sep 14];1–6. Available from: https://kclpure.kcl.ac.uk/portal/en/publications/neuroscience-and-the-future-for-mental-health(3694933a-51c4-4547-96e9-1f61019a81f0).html

2.        Kendler KS. Reviews and Overviews: Explanatory Models for Psychiatric Illness. Am J Psychiatry. 2008;165(June):695–702.


[1] El NIMH es uno de los principales financiadores en el mundo de investigaciones en salud mental, por lo cual sus políticas tienen un impacto enorme en la dirección que toma la salud mental global.  El NIMH está impulsando investigaciones que sean coherentes con su modelo basado en dominios (RDC).