Nos ha llegado este enlace, de un video en el cual se presenta un ejemplo de investigación de sistemas de salud.
For your interest - a link to "Health Policy & Systems Research:
guiding policy, driving change", a short film aimed at orienting health
policy decision-makers to the uses of health policy and systems
research in helping address complex real-world policy issues.
https://youtu.be/fC9e100yMtM
4/08/2025
7/20/2016
Tarea común, tarea compartida
Uno de
los temas con mayor promoción en el campo de la salud mental global es el de
delegación de funciones o “task shifting”.
Las tareas delegadas o encargadas han sido definidas como pasar una
tarea existente a trabajadores que tienen menor entrenamiento o un
entrenamiento muy específico y poco amplio (1). En ocasiones, las funciones son asumidas por
personal ya existente, mientras que en otras se crean nuevos roles y nuevos
trabajadores. El objetivo de la
delegación de tareas es incrementar la eficiencia y alcanzar una mayor
cobertura de los servicios de salud.
Algunos ejemplos son el entrenamiento de trabajadores comunitarios y/o
personal de enfermería para proveer tratamientos de VIH-Sida y en programas
materno infantiles.
Un
ejemplo exitoso de labores delegadas en salud mental global es el de las
trabajadoras comunitarias en salud, entrenadas en proveer técnicas
comportamentales cognitivas en Pakistán, quienes lograron mejores resultados en
disminuir la depresión materna comparadas con trabajadoras comunitarias sin
entrenamiento (2).
Si se
quiere responder a las necesidades de salud mental de la población en un país
como Colombia, no alcanza con la prestación de servicios por especialistas en
salud mental. En primer lugar, el número
de psiquiatras y de psicólogos clínicos por habitante es baja. En segundo lugar, la gran mayoría de psiquiatras
se concentran (nos concentramos) en las grandes ciudades. En tercer lugar, los psiquiatras en su
mayoría atienden a la población de mayores recursos, ya sea en consultas
privadas, ya sea en EPS, o en áreas geográficas que no son marginales. Hay una enorme disparidad en el acceso a
servicios de salud mental para la población más vulnerable. En síntesis, los
servicios especializados en salud mental son pocos y están mal distribuidos.
Apoyarse
en personas que pertenezcan a la comunidad, o que tengan mayor disponibilidad
para trabajar en áreas en donde hay mayor inequidad, surge entonces como una
alternativa para incrementar el acceso a servicios de salud.
No es
lo mismo compartir tareas que desplazarlas.
En la primera opción, la labor del trabajador en salud mental no
reemplaza la de un especialista o un médico, sino que ejecuta acciones dentro
de un manejo coordinado. Las tareas
compartidas suponen un equipo de salud con la capacidad para planear, ejecutar,
supervisar y monitorear las acciones de salud, con una ruta de atención que
indique con claridad cuándo no es suficiente con la atención por parte de los
no especialistas.
Figura 1. Esquema general tareas
compartidas en salud mental.
Al
estudiar la efectividad de las tareas delegadas, es clave preguntarse cuál es la
comparación que se está haciendo. Por ejemplo, se puede comparar el resultado
en el tratamiento de la depresión administrado por trabajadoras comunitarias
vs. el que es ofrecido por especialistas o vs. ningún tratamiento, como es el
caso para muchas personas.
El
entrenamiento y la supervisión son elementos críticos a la hora de ampliar el
rol de trabajadores no especialistas en la detección y manejo de los trastornos
mentales. No es suficiente con un curso inicial, sino que hay que dar apoyo
continuo, con una adecuada supervisión y entrenamiento. Las tecnologías de
información y comunicación de salud (TICs) son una herramienta cada vez más
utilizada para dar este apoyo y lograr una mejor coordinación de la
atención. Si se piensa el tema,
encontramos que esto no es nuevo: para el caso de muchos médicos y enfermeras
rurales, la consulta con especialistas se ha realizado mediante llamadas
telefónicas desde hace décadas. La diferencia es hacerlo de manera sistemática
y con programas bien diseñados que permitan utilizar las tecnologías con
eficiencia y calidad.
Vale la
pena aclarar que la necesidad de expandir las tareas compartidas no es solo un
propósito de países de medianos y bajos ingresos: en Estados Unidos, por
ejemplo, el entrenamiento de las 120,000 trabajadoras comunitarias que trabajan
en clínicas o en organizaciones comunitarias ha sido propuesto como una medida necesaria para solucionar la falta
de trabajadores en salud mental (3).
Las
tareas compartidas y delegadas no son una panacea que resuelva el problema de
escasez de especialistas, acceso a servicios y/o disponibilidad de
psicofármacos y psicoterapias idóneas (4). Las tareas delegadas y/o compartidas no van a reemplazar a los especialistas en salud mental. Por el contrario, si se incrementa el campo
de acción de la salud mental en atención primaria habrá aún más necesidad de
especialistas que participen en la misma.
Sus roles serán diferentes, eso sí, enmarcados en un trabajo de equipo,
con énfasis en coordinación, apoyo continuo y consultoría para los casos que no
tengan buena respuesta.
Finalmente,
el paciente mismo es parte de un modelo integral de atención en salud mental y
su participación activa en las tareas compartidas también debe ser incluido en
el modelo de atención.
Referencias
1. Fulton BD, Scheffler RM,
Sparkes SP, Auh EY, Vujicic M, Soucat A, et al. Health workforce skill mix and
task shifting in low income countries: a review of recent evidence. Hum Resour
Health. BioMed Central; 2011 Dec 11;9(1)
2. Rahman A, Malik A, Sikander S, Roberts C,
Creed F, Lopez A, et al. Cognitive behaviour therapy-based intervention by
community health workers for mothers with depression and their infants in rural
Pakistan: a cluster-randomised controlled trial. Lancet; 2008 Sep 13;372(9642):902–9.
3. Alegria M, Alvarez K, Ishikawa RZ,
DiMarzio K, McPeck S. Removing Obstacles To Eliminating Racial And Ethnic
Disparities In Behavioral Health Care. Health Aff. 2016 Jun 1;35(6):991–9.
4. Petersen I, Ssebunnya J, Bhana A, Baillie
K, Prince M, Patel V, et al. Lessons from case studies of integrating mental
health into primary health care in South Africa and Uganda. Int J Ment Health
Syst. BioMed Central; 2011;5(1):8.
3/05/2016
Al respecto de la capacidad técnica en salud mental de los equipos de atención primaria
En la anterior entrada se planteó la
necesidad de fortalecer la capacidad técnica (o resolutiva) de los equipos de
atención primaria si se quisiera implementar un programa de tamizaje para la
depresión en la población adulta.
También se hizo un paralelo con las barreras existentes para ampliar los
programas tanto de detección temprana como de tratamiento y seguimiento de
otras enfermedades crónicas. Se mencionó
también que era probable que los equipos de atención primaria estuvieran mejor
preparados para manejar los problemas médicos en comparación con los problemas
de salud mental.
La siguiente gráfica de un estudio del 2015 que
compara la práctica en la atención primaria de países desarrollados, encuentra
una diferencia importante en la preparación de los equipos cuando se comparan la
capacidad para abordar los diferentes problemas médicos complejos.
Queda claro que hay menor preparación
para los temas de salud mental y de farmacodependencia confirmando una vez más la existencia de una brecha en la atención.
El artículo fue publicado por el Commonwealth Fund . También hay un webinar interesante sobre dicho estudio.
Y para llover sobre mojado (Marzo 7, 2016):
Y para llover sobre mojado (Marzo 7, 2016):
Bishop TF,
Ramsay PP, Casalino LP, Bao Y, Pincus HA, Shortell SM. Care Management
Processes Used Less Often For Depression Than For Other Chronic Conditions In
US Primary Care Practices. Health Aff. 2016 Mar 7;35(3):394–400.
2/27/2016
¿Tamizaje para la depresión en el sistema de salud colombiano?
El Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos
de los Estados Unidos (United States Preventive Services Task Force (USPSTF) acaba
de actualizar la guía y recomendación sobre el tamizaje de la depresión para
adultos (1). Dada la alta carga de enfermedad derivada de la depresión, dicha
recomendación puede tener efectos importantes en términos de salud pública. A
partir de una revisión sistemática de la evidencia disponible, el grupo de
trabajo recomienda el tamizaje de la depresión en la práctica clínica para
adultos y para mujeres en embarazo y en el postparto, con un grado B, lo cual
significa que hay certeza moderada de un beneficio importante.
La recomendación para el tamizaje
sistemático de la depresión parte de dos hechos fundamentales:
1. Hay instrumentos (cuestionarios) para
el tamizaje para la depresión que son cortos, sencillos de aplicar, y con buena
capacidad para detectar los casos. Adicionalmente, no se han encontrado efectos
negativos como consecuencia del tamizaje para la depresión.
2. Una vez detectada la depresión, hay
tratamientos efectivos disponibles (básicamente
psicoterapia y/o antidepresivos) cuyos beneficios son mayores que los posibles
eventos adversos.
Es necesario aclarar que el cuestionario
por sí solo no hace el diagnóstico de depresión. Si la persona resulta “positiva” según el
cuestionario, se debe realizar una entrevista clínica para confirmar el
diagnóstico y evitar así los “falsos positivos” y la sobreutilización de
tratamientos sin justificación. El cuestionario PHQ-9 (Patient Health
Questionnaire) es un ejemplo de un instrumento sencillo para tamizaje de la
depresión que ya ha sido validado en Latino América(2).
Esta recomendación, sin embargo, no puede
hacerse en el vacío, sin considerar los recursos disponibles en los servicios
de salud de la población. El sistema de
salud debe ofrecer un acceso efectivo a las psicoterapias y al tratamiento farmacológico
siguiendo el principio de decisión compartida.
Para ello, es necesario contar con equipos de atención primaria con
capacidad para brindar estos tratamientos a sus usuarios teniendo en cuenta las
preferencias de los mismos. Existen
varios modelos de atención eficaces denominados “cuidado incrementado”, que
proveen un apoyo adicional a los pacientes mediante educación, seguimiento
activo y coordinación de otros aspectos del cuidado médico, entre otros. En cambio, la sola detección de la depresión,
e incluso el inicio de un tratamiento sin estos elementos de cuidado en equipo,
no han mostrado ser útiles a gran escala (3).
¿Existe en Colombia un sistema de salud
con los recursos adecuados para lograr este propósito? Ello implica contar con
enfermeras, psicólogas, trabajadoras sociales y médicos generales que estén
capacitados en tratar la depresión.
Dichos equipos, además, deben ser capaces de ofrecer un seguimiento
activo a los pacientes a su cargo y poder consultar con un psiquiatra para el
manejo de aquéllas personas que no tengan una buena respuesta al tratamiento, o
cuyo complejidad requiera manejo con apoyo especializado desde el inicio.
Estudios hechos en Colombia muestran que la capacidad de los médico para
detectar la depresión no es óptima aunque sí puede mejorarse luego de un
programa educativo (4). Aún así, es menos complicado formular un antidepresivo que
brindar una psicoterapia, por lo cual el tamizaje extenso, en ausencia acceso
real a psicoterapias, resultaría en un incremento tal vez injustificado en el
número de personas con antidepresivos.
Si bien las personas en general prefieren una psicoterapia a un fármaco,
la elección del tratamiento puede estar limitado por la falta de psicoterapias
en muchos lugares.
De otra parte, los datos sobre acceso en
la reciente encuesta nacional de salud mental (2015) tampoco son alentadores y
los autores del estudio señalan la existencia de una brecha amplia entre
cobertura y acceso real a la atención. La
necesidad de largos desplazamientos para llegar a los sitios de atención fue un
hallazgo reiterado en dicha encuesta.
La alta rotación de auxiliares de
enfermería, enfermeros, psicólogos y aún de médicos en sitios de atención
primaria son también un obstáculo para
lograr formar un equipo de atención básica en salud mental. Las mismas consideraciones planteadas sobre
las barreras existentes en el modelo de atención colombiano, se pueden aplicar
grosso modo al manejo de otras enfermedades crónicas. Tal vez la diferencia es que la educación del
personal de salud hace más hincapié en el manejo de las enfermedades médicas,
cuya detección y tratamiento puede ser mejor comparado con los trastornos
mentales.
Para lograr la detección y tratamiento de
la depresión a nivel poblacional es necesario implementar un modelo de atención
que logre superar las barreras mencionadas, construyendo un talento humano y
fortaleciendo los servicios de atención primaria. Modelos de atención como el cuidado
colaborativo, con apoyo en tecnologías como la telemedicina y los móviles, permiten
que los especialistas jueguen un papel más activo y así lograr por fin que la
atención en salud mental no se limite a las grandes ciudades y a la práctica
privada.
Mientras tanto, se puede implementar un
modelo estratificado, que supone el tamizaje para la depresión en poblaciones
de mayor riesgo, tal como lo recomienda la Guía de práctica clínica colombiana
para la detección temprana, diagnóstico y atención integral de la depresión(5). Ejemplo de ello son
personas con antecedentes personales o familiares de depresión, enfermedades
crónicas, síntomas somáticos múltiples, antecedentes de trauma o con problemas
psicosociales. Este es apenas un primer
paso si se quiere avanzar un poco en incrementar la detección de depresión en
la población que acude a los servicios de salud.
Más complejo es el tema del tamizaje de
la depresión durante el embarazo y el post parto. La importancia de considerar el efecto de la
depresión durante el embarazo es innegable; no solo se trata de un momento de
mayor vulnerabilidad para la depresión, sino también que el efecto nocivo de la
depresión durante el embarazo y el postparto afecta no solo a la madre sino
también al recién nacido. Aún hay
controversia sobre la seguridad de los antidepresivos durante el embarazo y el
post parto, y la mayoría de la veces la decisión de tomar o no antidepresivos
se debe hacer caso por caso. Es posible
argumentar que dada la complejidad de la depresión durante la gestación y la
lactancia, se debe contar con la participación de especialistas desde el
inicio.
Referencias
1. Siu AL,
Bibbins-Domingo K, Grossman DC, Baumann LC, Davidson KW, Ebell M, et al.
Screening for Depression in Adults: US Preventive Services Task Force Recommendation
Statement. JAMA . 2016 Jan 26 , 315(4):380–7.
2. Baader M T, Molina F JL,
Venezian B S, Rojas C C, Farías S R, Fierro-Freixenet C, et al. Validación y
utilidad de la encuesta PHQ-9 (Patient Health Questionnaire) en el diagnóstico
de depresión en pacientes usuarios de atención primaria en Chile. Rev Chil
Neuropsiquiatr. Sociedad de Neurología, Psiquiatría y Neurocirugía; 2012 Mar;50(1):10–22.
3. Deneke DE, Schultz H,
Fluent TE. Screening for depression in the primary care population. Prim Care.
2014;41(2):399–420.
4. Gómez-Restrepo C, Bohórquez
Peñaranda A, Benavides MO, Gil Laverde JF, Tamayo N, Rey Sánchez D. Health
Professional’s Accuracy in Depression Diagnosis after an Educational
Intervention in primary level. Colombian Results of the International Depression
Project. Rev Colomb Psiquiatr; 36(3):439–50.
5. Ministerio de la Protección
Social - Colciencias. Guía de práctica clínica. Detección temprana y
diagnóstico del episodio depresivo y trastorno depresivo recurrente en adultos.
Atención integral de los adultos con diagnóstico de episodio depresivo o
trastorno depresivo recurrente. Bogotá; 2013.
11/25/2015
Condiciones laborales y salud mental
Dos estudios recientes sobre salud mental
y trabajo permiten entender mejor otro elemento clave que enlaza las
condiciones psicosociales con la salud mental poblacional.
El primero, un estudio longitudinal en
Suecia con una muestra de 6275 personas concluye que hay una asociación entre
las amenazas de despido en el trabajo (inseguridad
labora) y síntomas de depresión mayor, sobre todo cuando estas amenazas son
recurrentes(1). Los datos sobre
condiciones laborales y salud mental en Europa sugieren que un 4.5% de la carga
de enfermedad por trastornos mentales se
pueden atribuir a la inseguridad laboral. Dada la alta carga de enfermedad de los
trastornos mentales este porcentaje es significativo: además, es prevenible, al
menos teóricamente.
Si bien el diseño longitudinal da mayor
validez a la posible relación causal entre inseguridad laboral y depresión, no
se puede desechar por completo la posibilidad de una “causalidad inversa.” En efecto, es posible que quienes presentan
síntomas depresivos perciban mayores amenazas laborales comparados con quienes
no tienen síntomas depresivos.
Siendo que los desenlaces en salud mental
(en este caso la presencia de síntomas depresivos) son casi siempre debidos a
causas múltiples, es importante identificar los factores de riesgo. Las
condiciones laborales pueden mejorarse de modo que se eviten riesgos para la
salud mental mediante un enfoque preventivo, sumado a intervenciones de apoyo
terapéutico para aquellos trabajadores que ya presentan algunos síntomas
depresivos.
El segundo estudio llevado a cabo en
Noruega examina la efectividad de un programa de apoyo laboral y terapia
cognitiva enfocada en el trabajo comparada con el tratamiento usual para
personas que tienen dificultades laborales relacionadas a trastornos mentales
comunes(2). Los participantes fueron
personas que tenían incapacidad laboral, alto riesgo de incapacidad laboral, o
que ya estaban con discapacidad. El
desenlace principal fue la participación laboral a los 13 meses, mientras que
la calidad de vida y los cambios en la salud mental fueron los desenlaces
secundarios.
Los resultados muestran que la intervención
con terapia cognitiva enfocada en el trabajo junto con apoyo laboral individual
resultan en una mayor participación laboral y conservación de los puestos de
trabajo. Lo efectos fueron aún mayores
para quienes contaban ya con beneficios por incapacidad laboral.
Estos dos estudios confirman la
importancia de incluir la dimensión laboral en el manejo de los trastornos
mentales y en la prevención mediante intervenciones centradas en el
trabajo. Es necesario realizar estudios
similares en países como Colombia, donde la inseguridad laboral puede ser
mayor, e identificar los elementos que relacionan la salud mental con las
condiciones laborales.
El costo económico por pérdida de la
productividad en depresión es considerable, y es posible establecer programas
preventivos y terapéuticos para reducir el impacto negativo de los trastornos
mentales. Intervenciones como la
inclusión laboral (Individual Placement and
Support (IPS) en inglés)(3) para personas con trastornos mentales más severos cuenta con una
muy buena evidencia sobre su efectividad.
En Colombia, si bien la ley de salud mental estipula el derecho a la
inclusión laboral, estos programas aún no han sido implementados de manera
rigurosa.
Referencias:
1. Magnusson Hanson LL,
Chungkham HS, Ferrie J, Sverke M. Threats of dismissal and symptoms of major
depression: a study using repeat measures in the Swedish working population. J
Epidemiol Community Health. 2015 Oct 1;69(10):963–9.
2. Reme SE, Grasdal AL, Løvvik
C, Lie SA, Øverland S. Work-focused cognitive-behavioural therapy and
individual job support to increase work participation in common mental
disorders: a randomised controlled multicentre trial. Occup Environ Med. 2015
Oct 1;72(10):745–52.
3. Bond GR, Drake RE, Becker
DR. Generalizability of the Individual Placement and Support (IPS) model of
supported employment outside the US. World Psychiatry. 2012 Feb;11(1):32–9.
9/23/2015
El malestar explicativo en la psiquiatría. “La crisis de nunca acabar”.
Parodiando un dicho chino, si te sientas
a la orilla del río y esperas con paciencia, verás pasar uno tras otro los
modelos imperantes en la psiquiatría.
Habría que agregarle algo circular, pues muchos son reciclados y pasan flotando
varias veces. N Rose, del Departamento de Ciencias Sociales, Salud y Medicina del King´s College en el Reino
Unido, ofrece un análisis de la crisis actual (1).
Llegando ya a la mitad de la segunda
década del nuevo siglo, el malestar en el modelo explicativo imperante tiene
varias señales. La primera, la
insuficiencia de los sistemas diagnósticos y en particular el creciente
consenso en que el sistema diagnóstico del DSM (Manual Estadístico y
Diagnóstico de los Trastornos Mentales de la Asociación Americana de
Psiquiatría) ha topado con un callejón sin salida. El segundo, el hecho de que a pesar de los
avances en las neurociencias, a juzgar por el inmenso volumen de
investigaciones que se publican anualmente, no contamos con ningún tratamiento
biológico nuevo y no hay nuevos medicamentos a la vista, mientras que los
existentes muestran cada vez más sus insuficiencias. Y el tercero, la carencia de modelos
explicativos propiamente dichos que sean convincentes y en particular la hasta
ahora fallida promesa de un modelo de las neurociencias que logre explicar los
trastornos mentales.
En el caso de las más recientes ediciones
del DSM la promesa ha sido la de encontrar enfermedades (categorías concretas)
que se pudieran identificar mediante biomarcadores y así lograr mayor precisión
diagnóstica y terapéutica. Sin embargo,
a pesar de los enormes recursos dedicados a esta empresa, no se ha logrado una
sola categoría diagnóstica de ese tipo.
En parte esto se debe a que los límites entre la salud y la enfermedad
no son nítidos, y a que diferentes síntomas pueden corresponder a diferentes
bases neurales.
Rose critica la respuesta del NIMH
(Instituto Nacional de Salud Mental de los Estados Unidos) a esta crisis, la
cual consiste en “saltar directamente al cerebro” mediante los nuevos criterios
diagnósticos que buscan identificar circuitos cerebrales disfuncionales en las
diferentes patologías[1].
Otro ejemplo de las limitaciones en las
investigaciones biológicas es el hecho de que no hay un mapa genético único que
determine un trastorno psiquiátrico complejo como al esquizofrénica, sino que
son múltiples variaciones las que logran explicar una parte de la
enfermedad. Dada la complejidad del
objeto de estudio, la mente humana, también resulta evidente que pretender
encontrar una explicación total no solo es prematuro, sino también
ingenuo. Tal como dice Thomas Insel,
director del NIMH, en este momento tenemos un gran cantidad de datos resultado
de la investigación en neurociencias: el problema es que no sabemos qué hacer
con ellos.
Sin embargo, no se pueden negar algunos logros importantes. Por ejemplo, gracias a los avances en la
neurociencia al fin se puede aceptar que el paisaje de los trastornos mentales contiene mucho más que
neurotransmisores. Otro punto para
considerar es el de la interacción de la adversidad o el estrés con la
respuesta total del organismo, conocido con la expresión “cómo logra la
adversidad meterse debajo de la piel”. Ello lleva a reconsiderar lo biológico y
en especial lo genético no como algo fijo y determinado para siempre, sino como
parte de una interacción constante y cambiante entre el individuo y su
ambiente. El creciente interés por los
mecanismos epigenéticos ha logrado aclarar los procesos que resultan ya sea en
una adaptación exitosa o en la aparición
de alguna dificultad o patología.
Rose
acierta en apuntar que detrás de estas promesas fallidas se encuentra un
modelo reduccionista, que busca explicar toda la enfermedad mental solo a
partir del cerebro. El autor también nos
recuerda que un trastorno mental es un trastorno de una persona y no solo de un
cerebro, y que esta persona es el resultado (en constante evolución) del
intercambio dinámico entre la persona (incluyendo su cerebro), el ambiente y su
medio social.
Vale la pena reiterar que las investigaciones han arrojado luces
sobre los mecanismos de la interacción entre los genes y las experiencias del
ciclo vital y los factores que aumentan el riesgo de enfermedad o que promueven
la resiliencia. Hace un buen tiempo que la biología ha incluido la complejidad
y la necesidad de múltiples niveles explicativos: una lectura incompleta o
superficial de las neurociencias lleva a que sea reducida a explicaciones
simplistas.
La integración de los modelos causales de
la neurociencia, la psicología y la sociología es una empresa incompleta(2). Para muchos de los profesionales de la salud mental, la
pluralidad de modelos explicativos y la necesidad de mantener múltiples
perspectivas no es una falla, sino un reflejo de la complejidad de la mente
humana y uno de los aspectos más interesantes del trabajo clínico y de salud
pública. Aún con sus insuficiencias
teóricas y con su carácter de empresa “híbrida”, la psiquiatría cuenta con
herramientas para brindar mejor atención a las personas que padecen trastornos
mentales, reconociendo los límites en el conocimiento actual y los enormes
retos que presenta el estudio de la mente humana.
Referencias
1. Rose N.
Neuroscience and the future for mental health? Epidemiol Psychiatr Sci
[Internet]. 2015 Aug 3 [cited 2015 Sep 14];1–6. Available from:
https://kclpure.kcl.ac.uk/portal/en/publications/neuroscience-and-the-future-for-mental-health(3694933a-51c4-4547-96e9-1f61019a81f0).html
2. Kendler KS. Reviews and
Overviews: Explanatory Models for Psychiatric Illness. Am J Psychiatry.
2008;165(June):695–702.
[1] El NIMH es uno de los principales financiadores en el mundo de
investigaciones en salud mental, por lo cual sus políticas tienen un impacto
enorme en la dirección que toma la salud mental global. El NIMH está impulsando investigaciones que
sean coherentes con su modelo basado en dominios (RDC).
8/21/2015
ATENCION PRIMARIA EN SALUD: ORIGENES, IMPLEMENTACION Y DIFICULTADES
En esta entrada intentaremos hacer una breve revisión de las razones que condujeron a la Declaración de Alma Ata así como de la implementación de las políticas de salud luego de la Declaración. También intentaremos identificar algunas cosas que puedan aprenderse de esta experiencia.
En primer lugar, es importante recordar que la Declaración de Alma Ata fue promulgada y adoptada por los países miembros de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en un tiempo particular de la historia conocido como la Guerra Fría (Septiembre de 1978), caracterizado por una lucha ideológica, política, económica y militar entre los Estados Unidos y la Union de Repúblicas Soviéticas Socialistas, las dos superpotencias dominantes en la segunda mitad del siglo XX.
La situación de salud y desarrollo mundial de acuerdo a la OMS era dramática: 80% de la población de los países en desarrollo era analfabeta, mil millones de personas viviendo en pobreza absoluta, altísimas tasas de mortalidad materna e infantil, alta prevalencia de enfermedades infecciosas y mortalidad y morbilidad asociada, altos niveles de desnutrición en la población infantil, por nombrar solo algunos ejemplos.
La Atencion Primaria en Salud (APS), definida en la Declaración incluía, entre otros, dar prioridad a acciones de prevención, dirigir las acciones a las poblaciones con mayor necesidad (rurales), combinar medicina tradicional y moderna e implementar campañas masivas de salud. El contexto epidemiológico predominante era el de enfermedades transmisibles y tomaba como ejemplo los resultados de las políticas sanitarias de la República Popular China.
Entre las razones para este enfoque se señalaba el costo creciente de la atención en salud con bajos resultados, la carencia de acceso a servicios necesitados por amplios sectores de la población, así como baja o mala utilización y distribución de los recursos existentes.
Principios de la APS
|
Fuente: Introduction to Health, B. Abel
Smith
En el capítulo 5 del Informe Mundial de Salud de 1998 , la OMS señaló algunos factores por los cuales la implementación de la APS no arrojaba los resultados buscados: insuficiente compromiso político, incapacidad para lograr la equidad en todos los componentes de la APS, bajo status de la mujer, lento desarrollo económico, dificultades en el logro de la acción intersectorial, débil apoyo y desarrollo no armónico del recurso humano, inadecuado desarrollo de las actividades de promoción de la salud, debilidad en los sistemas de información de los países, inadecuado uso y distribución de los recursos tecnológicos avanzados así como la persistencia de factores medio ambientales y de seguridad alimentaria en la mayoría de los países.
La OMS también ha señalado en múltiples foros que la variada y a veces antagónica conceptualización de la APS que reúne términos como atención de salud basada en la comunidad, primer nivel de contacto con interpretaciones tales como: estrategia dirigida a países en desarrollo, paquete básico de servicios de salud, tecnologías en salud de baja complejidad, recurso humano de nivel básico resulta en una implementación desigual en distintos países lo que a su vez plantea dificultades en el proceso de evaluación. Igualmente la aplicación de sus Principios no ha sido uniforme.
Por otra parte, el mundo ha atravesado grandes cambios demográficos. epidemiológicos, sociales, políticos y económicos desde la Declaración, los cuales se han reflejado en propuestas concordantes con estos cambios, reflejados también en documentos de política como El Informe sobre el Desarrollo Mundial publicado por el Banco Mundial en 1993 que ha sido objeto también de intenso debate ideológico y técnico. Los países adoptaron grandes reformas desde el Consenso de Washington, que tuvieron su impacto en la forma de gobierno, transitando hacia una mayor descentralización, nuevos enfoques sobre el rol del estado en la salud, la introducción de mecanismos de regulación de mercado para intervenir sobre el creciente rol del sector privado en la prestación de servicios de salud así como el surgimiento de sistemas gerenciados de salud basados en el aseguramiento para su financiación, entre otros.
La OMS (Informe sobre la Salud en el mundo 2000) ha intentado evaluar algunos objetivos nacionales como la equidad en salud y en el financiamiento de la salud. También el grado en que los sistemas de salud respondían a las necesidades de sus usuarios. Esta evaluación tuvo un desarrollo conceptual y metodológico que algunos consideraron de gran valor mientras que otros lo cuestionaron como un ejercicio tecnocrático, no exento de sesgo ideológico.
Es claro que la formulación e implementación de políticas es un ejercicio que requiere de consensos amplios así como de una buena base de evidencia, que a la fecha es parcial. Las estrategias de implementación, así como los instrumentos y metodologías de evaluación requieren adaptación a distintos contextos.
Por último, debemos reconocer que la investigación tiene todavía una baja prioridad entre muchos de quienes toman las decisiones de política en salud en el mundo, la región de las Américas y en Colombia.
Por último, debemos reconocer que la investigación tiene todavía una baja prioridad entre muchos de quienes toman las decisiones de política en salud en el mundo, la región de las Américas y en Colombia.
En próxima entrega enfocaremos nuestras reflexiones en lo que la APS ha sido y pretende ser en Colombia.
Rafael Pardo Abello MD MSc.
5/20/2015
Trastorno mental, recuperación y esperanza.
El concepto de recuperación en los
trastornos mentales mentales severos (esquizofrenia y algunos casos de
trastorno bipolar y de depresión) es relativamente reciente. Su origen está en los pacientes mismos, quienes
recogieron algunos principios de la cultura de los consumidores o de los
clientes y en cierto sentido se opusieron a los pronósticos tradicionales
comunes entre psiquiatras. También confluyen en él algunas de las ideas de la
anti psiquiatría de la década de los sesentas.
En palabras de Patricia Deegan(1), una de las representantes más notorias de este movimiento, lo
que se trata de evitar es “la condena al fracaso”. Deegan cuenta de una paciente que luego de haber sido
hospitalizada por episodios psicóticos severos, pasó largo tiempo en su
habitación fumando de manera compulsiva, viendo televisión, y con muy escasa
vida social. Para los profesionales
tratantes, era una “buena paciente” y aún un buen caso: tenía adherencia
al tratamiento y se evitaban los reingresos a hospitales. El mensaje era que tenía un buen desenlace y que mejor olvidara sus planes de finalizar una carrera y
tener una vida profesional satisfactoria.
Con el tiempo, la paciente probó que el pronóstico de condena al fracaso estaba
errado.
La tradición psiquiátrica, al menos desde
Kraepelin, definía y clasificaba los casos de esquizofrenia por el deterioro
que consideraba inevitable[1]. Dicho deterioro se refiere a una pérdida
progresiva de capacidades, incluyendo la motivación, las relaciones interpersonales
y la posibilidad de una rango amplio de emociones. Esto llevaría a un horizonte de escaso o nulo
logros académicos o profesionales y está implícita en el nombre “demencia
precoz” que Kraepelin le dio a la esquizofrenia.
Sin embargo, numerosos estudios han
mostrado que un porcentaje importante de pacientes con diagnóstico de trastorno
mental severo no sigue un curso inevitable de deterioro progresivo, sino que
logran una evolución estable con un buen nivel de funcionamiento.
El concepto de recuperación, sin embargo,
se ha empleado de diferentes maneras(2). En ocasiones se entiende
como un desenlace que significa la ausencia o reducción de síntomas y la
capacidad para trabajar, estudiar y llevar un papel activo en la comunidad. En un
segundo sentido implica una visión más subjetiva: la posibilidad de llevar una
vida con sentido pleno para la persona alcanzando las metas que se propone. Una manera sencilla de definir recuperación es
ser capaz de llevar la vida diaria de manera plena y auto dirigida. Un tercer
sentido hace hincapié en lo valores que deben guiar el sistema de atención y
las políticas de salud mental.
Diez componentes fundamentales del modelo
de recuperación*
- Auto dirección
|
- Individualizado
|
- Centrado en la persona
|
- Empoderamiento
|
- Holístico
|
- No lineal
|
- Basado en fortalezas
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- Apoyo por pares
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- Respeto
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- Responsabilidad
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- Esperanza
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* 2004, Agencia de servicios de salud
mental y abuso de sustancias de los Estados Unidos (SAMHSA), tomado de Braslow (2).
Hablar de recuperación no implica hablar de
curación, sino de una forma de sobrellevar las dificultades propias de los
problemas producidos por el trastorno mental.
También hay posiciones más extremas en el
campo de quienes abogan por la recuperación, como colocar todo el peso y la responsabilidad tanto de la enfermedad como
de la recuperación solo en el aspecto social.
Sin llegar a dogmatismos, el modelo de recuperación implica preguntar
cómo de puede diseñar e implementar un sistema de salud que contenga los
elementos propicios para la recuperación.
Se entiende entonces que la recuperación
implica la esperanza. Ahora bien, cabe
preguntarse si no hay falsas esperanzas, o si hay algún límite en las
esperanzas que se le pueden ofrecer o reforzar a alguien con un trastorno
mental severo. Esta es la pregunta que se hace Corrigan(3), un investigador conocido sobre todo por sus trabajos sobre el
estigma.
La esperanza de un comienzo nuevo, y de
una manera radicalmente diferente de entender y de brindar la atención en salud
mental debe ser balanceada, realista, y no llevar a falsas esperanzar. Para empezar, como argumenta Braslow (2), la nueva visión de la recuperación en ocasiones pinta el pasado
como una época en que no se buscaba la recuperación de los pacientes, cosa que
no siempre fue cierta. Incluso el modelo institucional incluía algunas prácticas
o visiones que buscaban fomentar la autonomía de los pacientes. Y desde otra orilla, el psicoanálisis buscó
un forma de tratamiento en el cual la mejoría o curación solo era posible
empleando las capacidad personales.
La esperanza es un elemento central en
toda empresa terapéutica, un factor de motivación que permite a las personas
perseverar a pesar de lo que parecen ser obstáculos infranqueables. Un delicado balance logra mantener la
esperanza en poder mejorar algo de la realidad actual sin ofreces falsas
promesas. La esperanza tiene beneficios clínicos, promueve la participación del
paciente en el tratamiento y en otras actividades, fomenta un sentimiento de
bienestar, contrarresta el pesimismo depresivo y mejora la calidad de vida (3).
Pero también existen esperanzas irrealistas
y contraproducentes: por ejemplo, insistiendo en opciones de curación que no
son eficaces, creando falsas expectativas, negando los límites de los que una
persona puede alcanzar. Las falsas
promesas que se alimentan de la esperanza y de la negación han sido fuente de
abusos y engaños.
En resumen: El concepto de recuperación
lleva a replantear los objetivos del tratamiento y el funcionamiento de los
sistemas de atención en salud mental. Su
dimensión subjetiva es a la vez una ventaja y un riesgo, ya que lleva a una
participación más activa y optimista de los pacientes y sus familias, pero
puede ser difícil a la hora de una evaluación rigurosa.
Referencias
1. Deegan PE.
Recovery: The lived experience of rehabilitation. Psychosoc Rehabiltation J.
1988;9(4):11–9.
2. Braslow JT. The manufacture of recovery.
Annu Rev Clin Psychol. 2013;9(December):781–809.
3. Corrigan PW. Can there be false hope in
recovery? Br J Psychiatry. 2014 Dec 1;205(6):423–4.
4. Hopper K. Rethinking social recovery in
schizophrenia: what a capabilities approach might offer. Soc Sci Med. 2007
Sep;65(5):868–79.
Ver
también el documento de NAMI “Road to Recovery: Employment and Mental Illness,2004".
[1] La tradición psiquiátrica entronizó esta versión pesimista,
cuando en realidad Kraepelin anotó que había “mejoría real” en el 26% de los
casos, la mitad de los cuales lograban una recuperación completa. Bleuler, por su parte, también habló de
recuperación pero implicando que los pacientes ajustaban (disminuían) sus
expectativas como una forma de adaptación.
Manfred, hijo de Bleuler, fue quien en realidad aobogó por un modelo más
elaborado de recuperación. El Estudio
piloto internacional sobre esquizofrenia de la OMS en los setentas confirmó la
realidad de un porcentaje importante con buenos desenlaces (Hopper, op.cit.).
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